El desarrollo de aplicaciones web comienza definiendo los roles de los usuarios, escenarios clave y el modelo de datos. Un MVP sólido se centra en los flujos principales, una navegación clara y componentes de interfaz consistentes, de modo que el producto pueda lanzarse rápidamente sin convertirse en un conjunto frágil de pantallas únicas.

Tras el lanzamiento, lo que importa es la escalabilidad y la fiabilidad: presupuestos de rendimiento, caché, autenticación segura y contratos de API limpios. Con un monitoreo adecuado, CI/CD y una arquitectura bien pensada, los equipos pueden iterar con mayor rapidez mientras mantienen estable la base de código a medida que crecen las funciones y el tráfico.