El desarrollo de apps Android comienza con un objetivo de producto claro y una comprensión de la diversidad de dispositivos. Definir el MVP, elegir una arquitectura y planificar los flujos de usuario clave desde temprano ayuda a mantener la primera versión enfocada y reduce el retrabajo a medida que la app crece.

Una vez que la base está establecida, la atención se centra en la consistencia de la interfaz, el rendimiento y la compatibilidad entre versiones del sistema operativo y tamaños de pantalla. Una gestión sólida del estado, una red confiable y un análisis/reporte de fallos confiable facilitan el mantenimiento y la iteración de la app tras su lanzamiento en Google Play.